Ayer, sin embargo, que también llovía, el cielo era poema. Como aquella despedida en Casablanca, en los alrededores de la gran mezquita. Un cielo mitad lluvia, mitad sol; mitad arcoiris, mitad nosotros.
Hoy me despido aquí. El nosotros, ahora es otro nosotros, y el adiós de hoy es aquí, donde nací y donde probablemente la tierra me trague. Tú también te vas, te has ido y, reiterando mis pensamientos, tarde o temprano ya no estarás. Otra página, o llamémoslo cicatriz, recuerdo o corazón. De momento, y antes de que esta sensación se haga piedra, no tengo más que eso, una sensación; que está en mi sangre, que me riega y me desborda. Como el río, no quiero arrepentirme de que el torrente mundo me desborde, en días como hoy, para inundarme los ojos. El viento los seca y tú te vas con el viento, hombre veleta, habiéndome rozado levemente. Trastocados mis puntos cardinales te confieso que esto no estaba en mis planes. Tú no estabas en mis planes. No creí que acabara pensando en el futuro con la nostalgia de tu ausencia.
Me retiro a tiempo, por un tiempo.