Un segundo la estación estará vacía, y al segundo después se llenará de nosotros. Para entonces, espero, nada haya cambiado. Yo, te estaré esperando, con amor, con mucho amor para darte, agapi mou. Dónde tú quieras, cuando tú quieras, cómo tú quieras.
lunes, 9 de septiembre de 2013
αγάπη μου
Tú, mordiendo con tu ausencia mis nervios a flor de piel, aún calientes, en la mitad exacta del recuerdo. Yo, dando vueltas a mi cabeza, a mi habitación, a mi vida, saboreando tu olor entre mis manos vacías. Y tus besos y mi soledad. No te culpo ni a ti ni a la vida por mi soledad, ¿que si me culpo a mí? No, agapi mou, tan solo le culpo a la distancia. ¿Que si me importa la distancia? Espero que no te hayas echo esa pregunta. Aunque la distancia es un monstruo devorador e implacable. Para defendernos de ella conservemos los recuerdos: tan bonito como tú eres, tan bonito como yo me siento si tú me miras. Conservemos la brisa de la playa que se colaba entre nuestras mudas palabras, y los paseos alrededor del mundo, y más allá del mundo, y más allá. Conservemos el dormir y el despertar, el antes, el después, y el entre tanto. Conservémonos intactos en ese segundo en el que tu mirada desapareció. Fracción eterna del tiempo que me dejó solo en los andenes frente a un amor infinito, contigo palpitando dentro de mí. Seamos ese segundo, seamos memoria, seamos promesas. Seamos sólo lo hermoso y ocultémoslo de la distancia en una cajita de cristal hasta que, tarde o temprano, la volvamos a abrir, es decir, que nos veamos.
Un segundo la estación estará vacía, y al segundo después se llenará de nosotros. Para entonces, espero, nada haya cambiado. Yo, te estaré esperando, con amor, con mucho amor para darte, agapi mou. Dónde tú quieras, cuando tú quieras, cómo tú quieras.
Un segundo la estación estará vacía, y al segundo después se llenará de nosotros. Para entonces, espero, nada haya cambiado. Yo, te estaré esperando, con amor, con mucho amor para darte, agapi mou. Dónde tú quieras, cuando tú quieras, cómo tú quieras.