jueves, 10 de octubre de 2013

La cordura se entiende del revés

A día de hoy aquí, sentado, y habiéndome pavoneado de todo me quedan pocas cosas de las que reírme. Porque reírse dos veces de lo mismo implica estupidez, por eso ya no me río. Nos hemos reído de la vida; vaya, qué originales. Y Nos hemos reído de lo simple de la vida; que eso ya está mejor. Las mentiras y el vicio nos han llevado bastante alto, se podría decir. Nos han llevado hasta habitaciones oscuras y remotas donde hemos contemplado al ser humano en todas sus posibilidades. Siempre preferimos las más inmundas, corroídas y morbosas caras de la vergüenza. Hemos visto más podredumbre y miseria de la que queríamos. Y eso también nos ha hecho gracia, al menos a mí. Y las sustancias que nos aligeraban

un poco

los pensamientos,

y todo fluía y todo era fácil y los recuerdos y el dolor y el placer eran también, sí, muy graciosos. Nos hemos reído de todo y ahora ya no, ya no nos reímos. Aunque deberíamos reírnos ahora con más razón que antes. Mejor dicho: ahora con razón. Te propongo hoy aquí, sentado reír hasta parecer subnormales. De hecho, hasta ‘ser’ idiotas ante el resto de miradas, jodidamente imbéciles y retrasados. Todo el mundo se reirá de nosotros y les daremos pena, y asco. Y se irán a la cama con una sonrisa feliz por no ser tan idiotas. Y tú y yo, o quien sea, nos reiremos también. En fin, que todo el mundo se reirá.

¿Nunca nos dio por reírnos de nosotros mismos para aprender a reírnos con seriedad?
La cordura se entiende del revés