No te invité a todos esos chupitos de tequila por casualidad, ni te dí fuego, ni te acogí en mi casa ni, en general, no hice todo lo que hice por una simple pulsión humana; aunque, si no fuera humano, no tendría necesidad de decirte lo que trato de decirte. La realidad es todo lo que cabría esperar/imaginar, de hecho, quizás coincidas conmigo cuando te digo que a veces siento que son esos yo artísticos, alimentados del teatro, lo que realmente nos nutre. La única razón de ser de esas realidades inventadas es que somos nosotros mismos (y tan solo nosotros) los que las gobiernan. Y de entre esas realidades inventadas, las que invento contigo, me son últimamente las más necesarias. Quizás ya empieces a intuir por donde van los tiros, porque cabeza no nos falta, como tampoco nos falta ese gusto o apetencia por lo estético. Se que puede parecer que nos estoy llamando posmodernos, hipsters, descerebrados... lo que podría englobarnos en el tristemente creciente grupo de ciudadanos desvirtuados que, debido una cultura en decadencia, han quedado reducidos a una repetición de estereotipos absurdos. No te estoy llamando eso, y como de una declaración de intenciones se espera, al menos, una enumeración de los motivos por los cuales me declaro a tí, empezaré...; y pienso que es la autenticidad de tu teatro, la que transforma esa nimia y vulgar forma de expresión en un verdadera forma de vivir, lo que me . de ti. Eres auténtica. Como la gorda dice a la fea: ''Tía, es que eres auténtica'', sí, pero de verdad.
Y pienso, porque normalmente pensar es lo que hago cuando creo que te tengo (y alguien diría que porque uno crea pensar, no necesariamente lo está haciendo), pienso, digo, que ya no sé que es más real, si la vida o el teatro,
si la vida o tú si,
tal vez,
decirme a mí mismo que solo tú tienes razón en un mundo-teatro sea la mejor de las opciones; que el hombre, una vez se ha dado cuenta de lo ridícula que es la existencia -esa puta- se calza su propio guión, se pinta bien la cara y les dice a todos: vivís en un teatro, sin saberlo.
Cómo puede ser que me haya enamorado de ti, Svítání, si no puedo tenerte o mejor dicho, si ni siquiera sabría tenerte.