domingo, 28 de abril de 2013

Afinidad gruyer.

Sé muchas cosas de ti; por ejemplo, de dónde vienes, tu nombre completo y apellidos, tus especias predilectas para la carne...palabras, palabras, palabras, como dijo Hamlet. Pero ¿quién eres en realidad, y en qué momento te convertiste en el sujeto de mis preguntas? No puedo negar mis dudas, aunque dudas siempre hay, y siempre habrá. Dudo, por ejemplo, de cuanto valor debería darte y no puedo evitar caer en desagradables comparaciones que a veces me dejan incapaz de articular palabra. En lo profundo de nuestra basta conciencia, en el agujero más recóndito de todos, totalmente incomunicado con los demás, jugoso y lleno de aire, se encuentra nuestra singularidad. Un espacio ínfimo que solo podemos compartir con un número muy pequeño de seres humanos -si acaso-. Para mí, ahí está el amor, el amor singular, las catacumbas de nuestras conciencias unidas por un túnel de aire. Algo visible sólo para tí y para mí.  No sé si este túnel que te digo existe entre tú y yo. Lo he sentido antes, y cada vez es diferente.

Ahora seré sincero, sigo viéndole por ahí, en los pocos sitios en los que estuvimos juntos, durante esos cortos días de verano. Me sigue empapando el desatino; me inunda la pérdida. Creo que he estado cerca de dejar de creer en el amor, como quien dice. Soy un chaval que no sabe nada, y le han roto el corazón. Me pregunto si tú podrías ayudarme, si no te importa, a poder volver a creer que todo lo importante puede hallarse delante de uno, dentro de uno, alrededor de uno. Hazme creer que eres todo lo que necesito para sentir la Afinidad en este mundo tan desafinado. Y, si por alguna razón no nos es imposible, habrá sido un placer intentarlo; yo, te querré siempre.