Elijo no tener responsabilidades ni inclinaciones;
ninguna motivación,
o deseo, meta,
fin.
Elijo solamente el anhelo crónico de conocer
y de hacerme, a mí, las preguntas
elijo las preguntas
preguntas.
Elijo la responsabilidad de cuestionarme
siempre, elijo la cuestión.
El amor, el sueño, el mundo,
la vida y el punto.
Por elegir, lo elijo todo, a veces
un todo que brilla y otras,
un todo banal.
Lo demás, todo, me la suda y mi cuerpo,
todo, se lubrica.
Y resbalo
hacia el útero,
poco a poco,
de nuevo,
del revés.
Un guión con un solo lector.
Una cascara, en una nuez.
Un universo pensado,
ni más
ni menos
que por mí:
yo mismo.
Yo.
tú, y tú.
yo.
Nosotros,
los demás.
Todo.
.