Tú eres arte y no lo sabes
inefable bello lumínico
y no te haces una idea de todo lo que ardía
en ese fuego de silencio de dos
en todos los fuegos nuestros
porque si te pienso así, fugazmente, apareces
bajo formas musicales, pinceladas, mundos
bajo Ravel o Shostakivich
entre la abstracción y el puro afán por existir
Kandinsky y Millais
o una sombra, o un sabio, o un amor
o Samsa o Fausto o Narciso.
En resumen, apareces como un vapor
de dulce inspiración templada sobre mis sentidos
como un poco más que arte
como arte y tú; pronombre indómito.
Y ya está, ya basta
de complicadas fórmulas, de calendarios del año pasado
de cosas que tan sólo aspiran a ser
bellas copias de la Belleza, pero que no, que no son.
Y se acabó la caverna, si me quieres filósofo,
o si me quieres sólo yo, se acabó el teatro mundo:
lo que yo ahora quiero es la simpleza del tú, pronombre.
Quiero quererte porque tú me obligas a quererte.
Y pienso en mi querer, en su forma exacta
-pienso en sentimientos no ya en palabras-.
Tú que te ocultas en la llama, atrás, más atrás
de la belleza que cuestiona, que es sublime
irreductible tú
cómo saber por qué te quiero y más:
quién es ese tú que yo pienso
quién es ese yo que te busca.
Lo que siento por tí, tan complicado
que a veces no es.